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Discurso de investidura del Presidente Federal Christian Wulff - Alocución pronunciada tras prestar juramento en el Bundestag Alemán

Bundespräsident Christian Wulff German Bundestag, Berlin, 2. Juli 2010 Bundespräsident Christian Wulff © Jesco Denzel

Seguramente nadie me tome a mal que diga esto: Es este un momento señalado y a la par emocionante. Me llena de alegría y al tiempo me infunde gravedad, confianza y humildad. Porque sé cuán elevada es la responsabilidad que entraña el cargo de Presidente Federal. Estoy agradecido por tener la oportunidad de desempeñar tan alta dignidad: al servicio de Alemania y los alemanes y de cuantos viven entre nosotros.

Una vez más la investidura del cargo de Presidente Federal ha sido fruto y resultado de una auténtica elección. Por eso quiero agradecer aquí expresamente a la Señora Jochimsen y al Señor Gauck que hayan competido en buena lid durante estos últimos treinta días. Porque toda pugna limpia le hace bien a nuestra democracia. Han tenido ustedes un enorme mérito y con ello también han prestado un inestimable servicio a nuestro país. Se lo agradezco de corazón a ambos.

Querido Señor Gauck, a lo largo de las últimas semanas su voz ha llegado a más gente si cabe. Todos nosotros quisiéramos pedirle que continúe trasladando a la ciudadanía sus experiencias acumuladas durante la dictadura del SED. Le encarecemos que siga dando testimonio de su amor a la libertad. Porque ello nos ayuda a comprender. Ello reconforta especialmente a quienes sufrieron las injusticias del régimen del SED y consiguieron con su ímpetu y empeño que los habitantes de la RDA conquistasen su libertad por sí mismos, y resulta irreemplazable para los más jóvenes, quienes, al escucharle, pueden comprender aún mejor lo que sucedió.

Muy distinguido Señor Presidente Federal, querido Señor Köhler, no puedo sino hacer extensiva mi cordial gratitud a usted, que tanto ha aportado a nuestro país durante su mandato. Precisamente la pesadumbre causada por su dimisión ha patentizado de manera muy emocionante su cercanía con nuestras conciudadanas y nuestros conciudadanos. Usted ha escuchado a la gente. Se ha tomado en serio sus angustias y desvelos. Ha dado ánimos y en reiteradas ocasiones ha puesto de relieve las muchas y buenas ideas que hay en nuestro país, apoyándolas con determinación. Y cuando no le han satisfecho los resultados de los procesos políticos, legislativos e inclusive mediáticos no ha dudado en manifestarlo sin ambages.

Con su esposa ha representado usted digna y exitosamente a Alemania en el mundo. Especialmente su compromiso con África -así se ha señalado con toda justicia- ha tenido una formidable repercusión. Usted nos ha hecho cobrar conciencia de hasta qué punto la suerte del continente vecino está ligada a la nuestra. En nuestro país mucha gente comprende ahora mucho mejor lo importante que es pensar en otros, más aún, pensar en todos los habitantes de este nuestro planeta, que todos compartimos, porque sólo juntos podremos construir el futuro. Empezamos a comprender lo mucho que se puede aprender de la dignidad y de la confianza que los habitantes de África han sabido mantener en su extrema penuria, bajo condiciones muy distintas de las que nosotros tenemos aquí. Su compromiso en pro de África deja en todos nosotros una huella imborrable y al mismo tiempo nos obliga.

Muy distinguida Señora Köhler, también a usted se le acaban de tributar cordiales muestras de agradecimiento por su gran compromiso, porque ha dado voz a muchas personas que necesitan atención y ayuda; parafraseando a Bertolt Brecht: A los unos los alumbra la luz, no se ve a quienes quedan en la sombra. Usted ha proporcionado atención y ayuda y ha dado voz a muchas personas. Sobre todo como patrocinadora de ACHSE, la Alianza contra las Enfermedades Raras Crónicas, ha marcado usted pautas importantes y duraderas. Vamos a seguir apoyando esta labor por todos los medios a nuestro alcance.

También yo quiero mencionar su generosa entrega, querida Señora Köhler, querido Señor Köhler, a toda su familia, hacia sus hijos y allegados, demostrada y cultivada de una manera que no sólo ha conmovido profundamente a otros sino que también ha alentado a muchas familias a mantenerse unidas con sus hijos en situaciones difíciles. Por eso les deseo a ustedes y a toda su familia la mayor de las venturas y toda la bendición del Señor. También yo les expreso a los dos mi más cordial agradecimiento por su servicio a nuestro país.

Señoras y señores, hoy hace quince años el edificio del Reichstag estaba cubierto por una enorme lona de reflejos plateados. Cientos de miles de visitantes acudieron aquí por esas fechas para presenciar, atónitos, el no por insólito menos hermoso efecto que repentinamente producía, gracias a la creatividad artística y también a la pericia técnica, este sitio emblemático para la democracia alemana. En ese momento histórico la obra de arte despertó un sentimiento de comunión entre personas de todas las edades, nacionalidades, orígenes y profesiones. Contribuyó lo suyo a una nueva percepción de nuestro país en el mundo, dándole una imagen más alegre. Asimismo, la decisión de empaquetar el Reichstag nos había enseñado a todos hasta qué punto pueden ser sugestivos los debates políticos si se discute con seriedad y pasión. Con ello ya se corroboró por entonces lo siguiente: Los alemanes vivimos en una democracia consolidada, orgullosa de su normalidad. Paralelamente el proyecto de Christo y Jeanne-Claude puso de manifiesto otra cosa: un gran éxito exige, a menudo, un largo aliento. Los dos artistas siguieron convencidos y entusiasmados de su idea durante casi cinco lustros y a la postre terminaron convencidos casi todos. Pero, eso sí, tuvieron que pasar veinticinco años.

Hoy en día el edificio del Reichstag y el Bundestag Alemán son el centro neurálgico de nuestra democracia parlamentaria y lugar de visita obligada para todos los que viajan a Berlín. La silueta del edificio es un símbolo internacional del éxito de nuestra unidad en libertad. El edificio donde nos encontramos y donde estuvimos congregados el 30 de junio está impregnado del espíritu de la democracia parlamentaria, tal como lo anhelaron y concibieron las madres y los padres de la Ley Fundamental: amante de la paz y combativo, pluralista y solidario, asentado en mayorías y respetuoso de las minorías. Este espíritu democrático se nutre igualmente del sentimiento de comunión y del entusiasmo, de la tenacidad y la capacidad de imponerse, del planteamiento de ideas audaces y el acierto en su plasmación efectiva.

Asimismo, el discurso del Presidente del Bundesrat, el Señor Böhrnsen, me ha confirmado nuevamente en mi confianza en el mensaje que se puede transmitir manteniendo un trato correcto y respetuoso. Le agradezco la amistad entre nuestros Estados Federados.

La mayor fortaleza de nuestro país son sus habitantes. Su diversidad y sus talentos hacen de Alemania un país con potencial y atractivo. A mí me importa especialmente crear lazos: entre jóvenes y mayores, entre gentes del Este y del Oeste, entre nativos e inmigrantes, entre empleadores, trabajadores y desempleados, entre personas con y sin discapacidad. Naturalmente que no es fácil. Hay intereses dispares, hay prejuicios recíprocos, inercias acomodaticias y expectativas asistencialistas. Mi propósito es contribuir a tender puentes por encima de todo eso, porque debemos acercarnos los unos a los otros sin ideas preconcebidas, porque es conveniente que nos escuchemos mutuamente con atención y porque tenemos el deber de dialogar.

En nuestro país hay infinidad de historias de éxito. Les ruego sepan disculpar que en este año 2010 traiga a colación especialmente mi encuentro con el padre de la Señora Özkan, la primera ministra de credo musulmán de un Estado Federado alemán, un hombre que ha trabajado duro durante casi cincuenta años -y sigue en activo-, un hombre que puso todo su empeño en la educación de sus hijos, inculcándoles los valores del esfuerzo y el tesón, un hombre que ahora ha sido testigo del gran éxito y respeto de que goza su hija en nuestra sociedad. Sus ojos brillaban de alegría. A veces estas experiencias aportan más empatía que mucho de lo que hemos presenciado y seguiremos presenciando aquí en forma de deliberaciones legislativas.

La cuestión de cómo se puede contribuir a que muchas más personas en nuestro país, muchos más padres en nuestro país, puedan sentir esa misma alegría, la alegría de sentirse acogidos y aceptados y tener los mismos derechos es una cuestión a la que concedo gran importancia y bien sé que esas historias de éxito son demasiado infrecuentes. ¿Cuándo podrá por fin darse por descontado en nuestro país que todos reciban oportunidades igualmente buenas, independientemente de su origen y riqueza? ¿Cuándo se sobreentenderá que, independientemente del origen y de la riqueza, se concedan no sólo iguales oportunidades educativas sino que también todos los niños criados en nuestro país dominen la lengua alemana, tengan un buen dominio de la lengua alemana junto a su lengua materna? ¿Cuándo se sobreentenderá que, a calificaciones iguales, cualquier candidato, llámese Yilmaz o Krause o como sea, tenga las mismas posibilidades de resultar seleccionado para ocupar un puesto o cargo? En todo caso, los estudios sobre la materia me preocupan sobremanera, porque urge adoptar medidas y porque, quizás también por desconocimiento, hasta ahora se han venido tolerando ciertas formas de falta de igualdad de oportunidades.

Mi respuesta a estas preguntas es la siguiente: Si preguntamos menos de dónde viene alguien sino adónde quiere ir, si dejamos de preguntar qué nos separa, sino qué nos une, incluidas las religiones monoteístas del mundo, la convivencia en nuestro país será más humana y al mismo tiempo más fecunda. Si dejamos de buscar aquello en lo que aventajamos a otros y apreciamos lo que podemos aprender los unos de los otros, de seguro surgirán cosas nuevas y buenas; por ejemplo, conjugando la proverbial disciplina alemana y la flexibilidad turca, el sentido del deber prusiano y la flema anglosajona, el perfeccionismo suabo y el estilo de vida italiano y próximamente quizás la vitalidad renana y la pasión china por la instrucción.

Alemania también saldrá ganando si preguntamos menos cuántos años ha cumplido alguien y nos fijamos más en tantas y tantas personas mayores que se han conservado jóvenes. En cualquier caso, por lo que a mí respecta, siempre me impresiona el vigor con que las personas mayores asumen responsabilidades en nuestra sociedad y hacen el bien; por ejemplo, como asesores de jóvenes emprendedores, como padrinos lectores en escuelas y centros de educación infantil o como miembros a carta cabal de sus parroquias e infinidad de asociaciones y agrupaciones de nuestro país. Estas personas mayores ya saben lo que los jóvenes todavía aprenderán: Merece la pena ser activo; es algo que enriquece, no en sentido económico sino en términos de amistades, no en sentido monetario, sino en términos de satisfacción. Le da sentido a nuestra vida, algo que todos buscamos por naturaleza.

Por eso es tan importante que nuestro país ofrezca muchas oportunidades para asumir responsabilidades y ponerse a disposición de los demás. En Alemania la libertad de fundar asociaciones e iniciativas ciudadanas está constitucionalmente consagrada. Pero esa libertad no es nada sin el afán de tantísimas ciudadanas y ciudadanos que quieren hacer uso efectivo de ella y vivirla cotidianamente.

Estoy firmemente convencido de que lo dicho también vale para los partidos políticos y sus organizaciones juveniles. Todos ellos son, dentro y fuera de esta casa, mucho mejores que su reputación. Ofrecen un espacio a quienes se interesan por la política y luchan por las mejores soluciones para nuestro país. Con todo, y esto es algo que nos da que pensar, existe una sensación generalizada de que los partidos son cotos cerrados y tienden a difuminar el alcance verdadero de los retos, silenciar las dimensiones y dirimir los asuntos políticos más o menos entre ellos.

Recordémoslo: Los partidos políticos participan en la formación de la voluntad política del pueblo. Así lo establece nuestra Constitución. Pero si resulta que cada vez más decisiones políticas son preparadas y adoptadas por cada vez menos personas activas en los partidos, no deberíamos criticar tanto a esas personas que militan -antes bien, hay que alentarlas más y encomiar su labor- sino, al contrario, ganarnos a los otros para la tarea colectiva de la autodeterminación política y hacerles colaborar en ella.

Eso es algo que puede hacerse de muchas maneras y a muchos niveles dentro de nuestra sociedad: desde la decisión popular a nivel local o un foro cívico en Internet hasta el refuerzo de la influencia de las y los electores en las listas electorales. La formación de la voluntad política de nuestro pueblo necesita el mayor número posible de vías para canalizar nuevas ideas, argumentos y mayorías, desde las capilaridades hasta los Parlamentos y los despachos de los gobiernos. También las ciudadanas y los ciudadanos ajenos a los partidos tienen que poder vivir sin trabas ni cortapisas la experiencia de lo sugestivo que puede llegar a ser colaborar en tareas políticas, lo difícil que son a menudo los retos planteados y lo gratificante que es precisamente por eso el aportar soluciones satisfactorias y justas dentro de una confrontación pacífica.

Y es justamente eso lo que ocurre día tras día. Tomemos por ejemplo el tema de la crisis económica y financiera que tanto les ocupa a ustedes y nos tiene a todos en vilo desde hace más de dos años. Desde entonces ha pesado y pesa sobre el anterior y sobre el actual Gobierno Federal una responsabilidad muy elevada. Gracias a decisiones rápidas y ponderadas se ha conseguido amortiguar las consecuencias de la crisis con mayor eficacia que en prácticamente cualquier otro país industrializado. En todas partes el crecimiento económico se ha desplomado dramáticamente, también en nuestro país. En todas partes el desempleo ha aumentado dramáticamente, pero no en nuestro país. Esto es algo de lo que también los políticos -aunque no sean los únicos responsables, parte del mérito es suyo- pueden sentirse orgullosos, y me refiero tanto al anterior como al actual Gobierno Federal.

Son muchos los que han contribuido a ello: los agentes sociales, empresas con visión de futuro y sindicatos responsables. No me duelen prendas en afirmar que con Volkswagen y el sindicato IG Metall he aprendido algunas cosas positivas y que esta relación me ha permitido revisar algún que otro criterio; también como Presidente Federal tiene uno derecho a seguir revisando algunas de sus posturas. Estoy agradecido por el compromiso y empeño de las empleadas y los empleados, las trabajadoras y los trabajadores, que han demostrado un enorme sentido de la responsabilidad, un enorme coraje a la hora de superar codo con codo con nosotros esta crisis, sin caer en enfrentamientos estériles sino aunando esfuerzos; porque ese y no otro es el fundamento de nuestra economía social de mercado, de la que podemos sentirnos orgullosos porque, más allá del ánimo de lucro, tiene también un componente de responsabilidad, sustentado en la ética y la moral, una responsabilidad para con las propias empleadas y empleados, sus familias, los productos que se fabrican y los procesos de producción con los que se fabrican, y para con la ciudad donde se trabaja, la región donde se produce y el país en el que se tiene la posibilidad de desarrollar la actividad empresarial, nuestro país. Esta responsabilidad integral es lo que asociamos a la economía social de mercado. Esto es lo que nos distingue de una sociedad de todos contra todos, del capitalismo depredador y otras fórmulas que ninguno de nosotros quiere.

Ahora tenemos que velar por que no se repitan crisis de estas características y de esta magnitud. Por eso es importante pedir cuentas a los causantes de la crisis bancaria y dotar por fin de buenas reglas a los mercados financieros. Ello sólo se podrá lograr y se logrará efectivamente a través de la cooperación a nivel europeo e internacional. Eso hace que la tarea sea extraordinariamente compleja. Por eso me inclino a decir lo siguiente: No se le puede envidiar esa tarea a nadie, tampoco a ustedes. ¿Pero quién habría de desempeñarla si no es el Bundestag Alemán en colaboración con el Gobierno Federal alemán y con el concurso del Bundesrat?

El grado de interdependencia de la Alemania unida con sus vecinos europeos y las demás regiones del mundo no tiene parangón en nuestra historia. Nuestra economía actúa a escala global, nuestros ciudadanos tienen contactos sociales y culturales en todo el mundo, muchas personas de otros países se establecen aquí temporal o definitivamente. Desde mi posición afirmo categóricamente lo siguiente: Esta globalización ofrece a Alemania unas expectativas magníficas. 82 millones de personas en el corazón de Europa y un reconocido prestigio a nivel mundial constituyen una buena base para que nuestra economía se beneficie del mercado interior europeo, del euro, de los mercados de ventas internacionales y del comercio mundial. Nuestros ciudadanos viajan por todo el mundo y nosotros recibimos con gusto a nuestros huéspedes de todo el mundo.

Al mismo tiempo nos vemos confrontados con gigantescos problemas de alcance global que Alemania no podrá resolver por sí sola, como el cambio climático, la crisis económica y financiera, la migración, las amenazas para nuestra seguridad que son el terrorismo y el crimen organizado, entre otras cuestiones, y tenemos que estar preparados para enfrentarnos a los constantes cambios que se operan en el entorno internacional.

La cifra de población va en aumento en gran parte del mundo; en Europa y más concretamente en Alemania está retrocediendo. También habría que estudiar más en profundidad cómo podríamos invertir esta tendencia. Países emergentes como Brasil, China y la India registran elevados índices de crecimiento. Muchos países desarrollan su sistema democrático, su Estado de Derecho, y mejoran el nivel de vida de su población, pero lo cierto es que en muchas partes del mundo también hay pobreza, subdesarrollo, Estados frágiles, escasez de recursos, desastres naturales y crisis.

Para articular el proceso de la globalización necesitamos un punto de referencia sólido y a mi juicio sólo la Unión Europea puede desempeñar esa función. Es un proyecto de paz, valores y bienestar único en su género, que expresa de manera imponente las conclusiones que los pueblos de nuestro continente sacaron de siglos de guerras y devastación. Aquí en el Reichstag, en nuestra capital, jamás debemos olvidar las lecciones que tuvo que aprender Europa de su experiencia histórica y las consecuencias que sacó de esas lecciones. Es un grandioso proyecto de paz, valores y bienestar. Alemania está emplazada a seguir coadyuvando a este proyecto europeo como socio y valedor leal.

Aunque la actual crisis financiera y de endeudamiento evidencie una gran necesidad de adaptación, no cabe la menor duda de que merced al Tratado de Lisboa hemos alcanzado una integración política y económica que nos permite al menos a nosotros los europeos actuar sólida y solidariamente para hacer frente a los retos del siglo XXI. Los alemanes estamos dispuestos a cooperar con todas las regiones del mundo sobre la base del entendimiento y la confianza recíprocos. Para ello tenemos que conocer y comprender mejor las demás culturas. También en este terreno tenemos que ir al encuentro del otro y reforzar la interlocución.

Tenemos que seguir internacionalizando nuestro país. Nuestra República Federal, nuestra variopinta República alemana es un buen banco de pruebas. Es cierto que nuestra diversidad de cuando en cuando también resulta fatigosa, pero a fin de cuentas es fuente de vigor e ideas y ofrece la oportunidad de ver el mundo con otros ojos y aprehenderlo desde distintos ángulos.

Deberíamos ser receptivos y entrar en diálogo. Uno de mis principales objetivos durante los próximos años será contribuir precisamente a promover esta actitud. Si suscita la adhesión de muchos, nos hallaremos en disposición de redescubrir desde una perspectiva totalmente diferente a nuestro país y las potencialidades que encierra. Estoy convencido: De ser así, conseguiremos experimentar asiduamente ese sentimiento de alegría y asombro ante los logros que alcanzamos entre todos, gracias al impulso compartido; el mismo sentimiento que nos embargó hace quince años delante del Reichstag entoldado.