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Recepción de Año Nuevo ofrecida al Cuerpo Diplomático

Traducción del texto previamente distribuido.

Les doy mi más cordial bienvenida en el Palacio de Bellevue. Señor Nuncio, le agradezco vivamente los buenos deseos para el nuevo año que nos ha transmitido en nombre del Cuerpo Diplomático. Con mucho gusto se los devuelvo.

Hace escasas semanas dijimos adiós a Václav Havel. Decenas de miles de personas le rindieron su último homenaje en las calles de Praga. Las honras fúnebres atestiguaron el imponente legado que nos deja. Václav Havel defendió con firmeza valores universales en tiempos de opresión política. Fue y es un modelo para muchas personas que alientan anhelos de libre determina¬ción y justicia.

El año pasado me llenó de emoción reunirme con presidentes de extraordinaria talla que, al igual que él, habían sufrido en tiempos persecución política por defender sus ideales: con mi amigo Bronisłav Komorowski de Polonia en varias ocasiones, asimismo con Dilma Rousseff de Brasil, José Mujica de Uruguay y Zillur Rahman de Bangladesh. Personalidades como estas nos enseñan que, aun exigiendo grandes sacrificios y privaciones, la defensa de la democracia y el respeto de los derechos humanos a la postre sí que pueden triunfar incluso en las circunstancias más adversas.

Cada vez más países están haciendo realidad los principios universales de la democracia y los derechos humanos. En muchos países, también y precisamente en el mundo árabe, los defen¬sores de los derechos humanos demuestran hoy día gran valor y coraje para lograr hacer valer esos principios. No debemos dejar en la estacada a ciudadanos desarmados contra los que se abre fuego.

Alemania está del lado de las fuerzas reformistas pacíficas –este fue asimismo uno de los mensajes centrales de la visita que realicé a la región del Golfo Pérsico hace unas semanas. Al mismo tiempo buscamos el diálogo con quienes aún no están preparados pero son receptivos a mantener una interlocución con nosotros.

Respetar los derechos humanos también significa tomar en cuenta las diferencias y valorar la diversidad. Unidad en la diversidad: he aquí el principio rector de muchas comunidades polí¬ticas del mundo, desde los Estados Unidos de América a la Unión Europea o Indonesia. Para que esta idea pueda materializarse es importante que las personas se respeten recíprocamente y entren en diálogo entre sí. Esto vale en todo el mundo, también aquí en Alemania.

No vamos a tolerar la xenofobia, la violencia ni el extremismo político. Nuestro Estado res¬ponde de la vida y la libertad de cuantos viven en Alemania. Cada cual está llamado a coad¬yuvar a conseguirlo. En coordinación con los demás órganos constitucionales supremos he convocado para el próximo 23 de febrero un acto en memoria de las víctimas de la violencia ultraderechista en Alemania con el propósito de lanzar una señal inequívoca.

Me importa abordar la diversidad de nuestro mundo de manera abierta, responsable y empá¬tica. A nivel nacional lo hago reconociendo el abanico social existente en Alemania, que incluye igualmente al Islam. Y ante el extranjero lo hago propiciando el diálogo intercultural, no en último término en mis conversaciones con líderes religiosos como el Papa Benedicto XVI o en foros como el de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas en Doha (Qatar).

La disposición al diálogo y el accionar responsable también son necesarios si aspiramos a avanzar en los focos de crisis de índole política. Pero al mismo tiempo hemos de plantar cara decididamente a quienes violan el derecho internacional, recurren al uso de la fuerza contra personas pacíficas o incluso se sirven de medios terroristas.

Para combatir la inestabilidad y la pobreza es preciso reforzar la transparencia, la vigencia de las normas del Estado de Derecho y la buena gobernanza. Por cuanto las consecuencias de una estatalidad débil –así lo evidencian problemas como la piratería y el narcotráfico– nos afectan a todos.

Otro peligro es el cambio climático global. En este terreno hay que asumir responsabilidades conjuntamente. La conferencia Río +20 prevista para el próximo mes de junio ofrece un importante foro y una gran oportunidad para alcanzar una mayor sostenibilidad a nivel mun¬dial.

Paralelamente muchos países, inclusive países menos avanzados, se benefician de los flujos comerciales y de inversión al hilo de la globalización. Decisiones como el cambio energético alemán abren nuevas áreas de cooperación económica, por ejemplo en materia de eficiencia energética. Alemania quiere mantener una estrecha cooperación internacional en aras de una protección climática eficaz.

Desde hace meses Europa se ve sometida a una presión masiva por parte de los mercados financieros mundiales. La presión solo ha podido llegar a ser tan enorme por el excesivo endeudamiento de los Estados y los hogares y porque se ha descuidado la competitividad. Ahora tenemos que recuperar el terreno perdido en lo que a competitividad económica, már¬genes de articulación y confianza se refiere.

Los Estados miembros de la Unión Europea han empezado a poner en marcha reformas estructurales necesarias. A los gobiernos europeos les toca ahora actuar con criterios de esta¬bilidad permanente y sacar adelante reformas en provecho del mayor número posible de per¬sonas y, muy en particular, de la juventud. La senda de la recuperación económica requiere –por lo demás, no solo en Europa sino en muchos lugares– grandes esfuerzos políticos y sociales, requiere tiempo y perseverancia. Habremos de preservar todo lo bueno que Europa nos ha deparado a lo largo de los decenios pasados. Estoy muy agradecido por la intensa interlocución mantenida con casi todos los Embajadores de los otros 26 Estados miembros de la Unión Europea.

En lo que respecta a la regulación de los mercados financieros, también en el seno del G 20 es necesario adoptar medidas mucho más ambiciosas de lo que se ha podido acordar hasta la fecha. No me cabe la menor duda: el camino de la renovación merecerá la pena. En Europa al mismo tiempo también se trata de velar por que la Unión Monetaria disponga de un marco institucional más sólido y de fortalecer la legitimidad democrática de las decisiones adoptadas a escala europea.

Son éstas tareas de considerable magnitud.

Abrigo el convencimiento de que Europa podrá superarlas. La condición es que recobremos el espíritu comunitario que hizo posible la integración pacífica de nuestro continente a lo largo de los decenios pasados.

Las interdependencias a escala europea y mundial exigen una manera de hacer política basada en la cooperación. No habrá un repliegue hacia el reducto nacional. La reflexión conjunta, las decisiones conjuntas y la asunción conjunta de responsabilidades ante la marcha del mundo deben determinar nuestro proceder. Siendo el espacio legítimo universal, el mayor protago¬nismo corresponde a las Naciones Unidas. Como miembro no permanente del Consejo de Seguridad Alemania seguirá abogando como hasta ahora por fortalecer la capacidad de actua¬ción de las Naciones Unidas.

Permítanme que, para terminar, me refiera de nuevo a Václav Havel y traiga a colación su reflexión sobre la ambivalencia de la hermosa palabra alemana “Heimat”: “Deberíamos aprender”, según Václav Havel, “a sentir de nuevo la Heimat –tal como probablemente sucediera otrora– como nuestra parte del ‘mundo como un todo’, es decir, como algo que nos proporciona un lugar en el mundo en vez de separarnos de él.”

Quiero que Alemania asuma sus responsabilidades en el mundo como socio leal y confiable. Por eso mi compromiso es mantener un estrecho contacto con mis homólogos y otros dignata¬rios del mundo entero. Para ello dependo de la cooperación con todas y todos ustedes, una cooperación que es excelente.

Señor Nuncio Apostólico,
Excelencias:

Les deseo a ustedes y a sus familias y a las colaboradoras y los colaboradores de sus Embaja¬das un nuevo año 2012 lleno de paz y ventura.